Con el buen tiempo, cuando ya han pasado las inclemencias del invierno, parece que podría ser el mejor momento para animarnos a cambiar nuestras viejas ventanas.

Pero antes de proceder seguro que nos hacemos una reflexión, ¿cuándo creemos que nuestro hogar cuenta con unas ventanas que necesitan de su renovación?

Y es que precisamente cambiar las ventanas no es algo que se haga de forma rutinaria, pero ello no es óbice para entender que, en algunas ocasiones, es más que evidente el cambio de éstas, sobre todo cuando nos acordamos de que a lo largo del invierno hemos tenido problemas de humedad, de condensación y probablemente de pérdida de la calefacción. -con lo que ello supone de gasto energético- o hasta de cierre, con lo que ya en este último caso, hasta dudamos de la seguridad de nuestras ventanas, y por tanto de nuestras viviendas.

Cambiar unas ventanas aunque en apariencia hagan su función, no sólo nos ayuda a evitar todos esos problemas que hemos tenido en el invierno, además de ahorrar de forma eficiente en la factura energética de nuestro hogar, ahorro que podemos seguir teniéndolo igualmente ahora en verano, y es que en viviendas con ventanas altamente eficientes, como se denominan ahora, podemos comprobar como el aire acondicionado de nuestra casa trabaja menos para conseguir mantener una temperatura óptima en nuestro hogar, que debería oscilar entre los 22º/24º dependiendo de la orientación de nuestras habitaciones.

Es cierto que ahora se renuevan más ventanas, y las viviendas que lo hacen ganan en seguridad, confort, diseño y por supuesto en ahorro energético.

Es conveniente dirigirse a empresas que, por su experiencia cuentan con productos que garantizan con sus materiales esa eficacia de ahorro energético como venimos comentando, así como seguridad y diseño, porque aunque todas se llamen ventanas, hay ventanas y ventanas, y sólo algunas son ventanas para toda la vida.

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