El reciclaje no es una moda, es una obligación.

Según ECOEMBES, la organización sin ánimo de lucro creada por un grupo de empresas, y encargada de la recuperación de los envases de plástico, de latas y bricks para su reciclaje, en el cierre del año 2014 España ya reciclaba 1,3 millones de toneladas de envases ligeros –los que depositamos en los contenedores amarillos– y de envases de cartón y papel –los que se depositan en el contenedor azul-, alcanzando según sus datos una tasa de reciclado de 73,7%,  porcentaje que sitúa a nuestro país entre los primeros de Europa en reciclaje de estos materiales.

Desde que se implantó el reciclado en España –se cumplirán 20 años en el presente 2016-, en nuestro país  se han reciclado más de 15 millones de toneladas de envases, algo así como para llenar más de 1.000 estadios como el Bernabéu o el Camp Nou, lo que supone a su vez una disminución de más de 14 toneladas de emisión CO² a la atmósfera.

Aunque los datos parecen halagüeños, el trabajo que ha de seguir realizando nuestro país para alcanzar los criterios exigidos por la Unión Europea para cumplir con la Agenda medioambiental del 2020, nos impone un ferreo control de nuestras emisiones, así como de nuestra capacidad para seguir reciclando.  Con una incineración sólo del 10%, nuestro país deposita el 60% de su basura en vertederos, el sistema con mayor impacto medioambiental por los riesgos que implica en la contaminación de tierras y aguas subterráneas. El gran déficit en el sistema de basuras español reside en el escasísimo nivel de reciclaje de restos orgánicos, que representan el 45% de los desperdicios generados en las áreas urbanas. Según los expertos habrá que mejorar en cinco años todo lo que ha avanzado España en las últimas décadas para poder cumplir con la normativa europea.

El reciclado de materiales es sin duda una obligación de todos, particulares, empresas y administraciones, y cada uno debe ser corresponsable con el futuro que deseamos tener.

Las ventanas fabricadas con PVC se estima que pueden llegar a tener una vida media de 50 años sin mantenimiento y por consiguiente sin consumo energético asociado a este hecho. Si finalmente se desean reciclar por otras, estas se trasladan a un centro de reciclaje, las cuales vuelven a incorporarse al proceso productivo, –algo así como ocurre con el vidrio-, eliminando el impacto medioambiental que conllevaría su retirada, haciendo además un uso eficiente de los recursos naturales.

Estas ventanas que se reciclan, se desmontan sin destruirlas, y se aglutinan debidamente ordenadas para después, tratarlas a través de un proceso desintegración física en trituradoras y molinos, seleccionando y separando los materiales resultantes. El PVC antiguo, al igual que el PVC procedente de los restos de producción y de corte, constituye materia prima equivalente al PVC recién elaborado. Los segmentos no reciclables para la producción, se envían a un centro de gestión final de residuos.

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